lunes, 27 de julio de 2015


Nietzsche. Humanidad. Matarratas. Christopher McCandless




Nietzsche escribió sobre el superhombre. Aquel superior a los humanos, más fuerte que ellos, con la sabiduría de todos, pero con la inocencia del niño.
Este está cansado de los seres humanos. Y normal.
Yo estoy cansada de los seres humanos. Aquellos que sólo se les llaman seres porque realizan las funciones básicas, humanos sin humanidad. Porque la humanidad es difícil de conseguir. No sé quién fue el listillo que le puso nombre, pero se lució bastante. Hay animales con más humanidad que humanos. Y humanos que son animales. ¿En qué ser tan repugnante nos hemos convertido? Yo estuve a punto de desaparecer de este asqueroso mundo mental, lleno de guerras con sangre y garras psicológicas. En cada esquina se encuentra un mal provocado por nosotros. Si fuese extraterrestre, tendría bien claro cuál no sería mi sitio de vacaciones.
Mucha gente se dedica a calcular el fin del mundo. No aquel fin del mundo que marca la llegada de Dios y el apocalipsis, no; ese fin del mundo que estamos creando nosotros, como si fuese nuestra maqueta preferida.
He conocido gente que tira las cosas al suelo, y lo justifica diciendo "si vamos a morir igualmente", gente  que sólo da bien por dinero, justificándolo con un "y qué quieres, ¿que esté en la miseria sólo por ayudar?", gente que defiende algo sin saber, gente que se cree que maltratando psicológicamente a las personas, ayuda de verdad. Y DE VERDAD QUE SE LO CREE.
He intentando miles de veces cambiar a la gente. Lo he conseguido en un 5%.
Y creo que no voy a poder conseguir un porcentaje más alto, porque la gente sólo ve su lógica como LA lógica. Y si no, se la suda todo.
Cuánta gente habría que exterminar como a las ratas, con un simple veneno, porque no se merecen más.  A otros habría que provocarles algo más efectivo que el lavado de cerebro en La naranja mecánica, pero algo así. Y dejar que otros cuantos se pudriesen en la miseria. En aquella miseria ficticia para ellos. Porque la miseria, no es estar en bancarrota. A ver, tipos de miserias hay muchas, no me malentendáis. Pero la verdadera miseria mierdera es aquella en la que uno no sabe que está hasta que se lo dicen. Es esa miseria de alma, cuando ya no te queda, cuando no tienes humanidad, ni amigos, ni gente en la que puedas confiar, ni confianza en uno mismo. Esa es la verdadera miseria.

Tal y como decía Alenxander Supertramp en  Into the wild:  "La felicidad solo es real cuando se comparte."

Pero no somos Dios, quién sabe si en otro mundo seamos algo parecido, como sugieren miles de pelis, entre ellas 2001: Odisea en el espacio. Pero ahora no. Por suerte, gracias a nuestra maldita corporalidad, aún podemos disfrutar de la naturaleza que todavía no hemos destruido, e incluso, INCLUSO, salvarla. Seamos soñadores. Es de las mejores cosas de la imaginación. Demos gracias a esas personas con humanidad, esas pocas, pero que aún quedan. Y juntémonos con ellas, porque por mucha alegría y paz que queramos buscar nosotros solos, no la tendremos en plenitud si no es con alguien. Como en Into the wild, la vida es un viaje, un viaje duro para la búsqueda de personas que pueden llamarse naturaleza.

"Mi hogar... ES EL CAMINO."




Sexualidad corporal gregaria. Memorias de Idhún. Estrellas.


El cuerpo humano es una caja fuerte bastante repugnante.
Todos aquellos líquidos que emanan de él, todos esos desechos...¿Cómo no vamos a poder decir que somos desechos si estamos formados por ellos? 
Me parece que debería de haber alguna otra forma, no necesariamente corporal, para que nuestra mente se manifieste. Ser seres sin cuerpo, que flotan y se comunican sin necesitar el habla. Siempre he odiado comunicarme mediante las palabras. En parte, escribir este blog me ayuda a aprender a amarlas. 
Aún así, amando las palabras, ¿os imagináis una vía de comunicación sin ruidos, más cercana y efectiva?
Los que se hayan leído Memorias de Idhún sabrán de lo que estoy hablando. Y los que no, ya os estáis empezando la saga. Hablando de ella, he leído críticas sobre el típico trasfondo de chico moreno y rubio detrás de chica, chica tiene que decidir, amargamente. En eso, evidentemente, estoy de acuerdo. La sociedad se basa en las típicas historietas de amor de película, como si no fuese irreal. Como si no existiese el poliamor, o la homosexualidad, o bisexualidad. Y podría seguir diciendo. 
Creo que es culpa del cuerpo. El cuerpo de la mujer tiene entrada. El del hombre, un instrumento para crear a partir de la mujer. Si fuésemos etéreos, o simplemente sólo fuésemos mente y alma, este tipo de problemas no existirían. Cada materia se mezclaría con la materia necesaria y justa que quisiese, para dar lugar a algo más bello aún. Como las estrellas. Quién sabe si realmente están así formadas. Tengo mente científica, y pocas veces me creo cosas si no tienen fundamento comprobado científico. Pero como, evidentemente, conocemos muy poco, quién sabe si hay algo más que la ciencia, o que la ciencia tiene límites insospechados. Por eso me gusta creer. 
Creer es de lo más bonito que nos da la ignorancia.



P.D: Me gusta la idea de Murakami de escribir los títulos en función de cosas aparentemente irrelevantes en la historia, pero, que en realidad, marcan la personalidad de lo escrito.
 



Existe el vacío en los seres humanos.



Existe el vacío en los seres humanos. La soledad del universo se guarda en esquinas oscuras del cerebro. Hay un momento en la vida de las personas que marca la diferencia de saber qué es a querer viajar hacia allí. 

Flotando en el medio de ese vacío, en el que has perdido la confianza en todo ser viviente aparece un alma dispuesta a hacerte retroceder. Ese alma sabe que no has apreciado lo suficiente las flores, el sol. Y sabe que para estar enjaulados qué mejor que la soledad de las noches. 
Cuando has conseguido retroceder antes de implosionar, dejando un rastro de lágrimas con sabor a agujero negro te das cuenta de algo esencial. Ese alma que te hizo retroceder ha perdido parte de su existencia sólo por empujarte a tu sitio de partida. Entonces notas ese vacío, ahora real, en tu cuerpo. Saber perfectamente que algo de ti logró llegar al destino. Echas de menos a esa parte porque sabes que tardarás un tiempo en volver a formar parte de ella. Ojalá estuvieses con ella, en toda tu plenitud. Pero eso es sólo una fase.

Pronto entiendes que si ese trozo de ti no se hubiese desprendido en el momento de máximo forcejeo, te habría arrastrado hacia ese punto lejano al que realmente no querías llegar. Por suerte se quedó contigo el sentimiento de anhelo a lo conocido. Fue el arma vital que utilizó el otro alma en tu contra-suerte.

En la siguiente fase descubres que es totalmente imposible desprenderse del alma que te trajo de vuelta. Vuestros átomos están tan unidos que ni la misma exclusión de Pauli conseguiría separaros. Te das cuenta de que separados, no soportaríais la fuerza de atracción hacia vuestras partes errantes y correríais desesperados hacia ellas, entrando en la perdición, o incluso algo mucho peor. Volveríais atrás en el tiempo.

No debe haber nada más horrible que caer hacia atrás en el círculo en el que te movías. 
Sólo los poetas hacen eso.
Cometen el error de querer estar completos, porque no soportan el dolor de perder una parte. 
Ellos no saben que algunos dolores son buenos.


Estoy esperando mi siguiente fase. Porque sé que volver a atrás nunca es la solución.